Ley 2460 de salud mental: ¿Cómo están aplicando los colegios el mandato de fomentar la educación emocional?

La educación en Colombia enfrenta una crisis silenciosa que no se mide únicamente en tasas de deserción o resultados académicos, sino en el profundo desgaste emocional de sus estudiantes. Según datos de UNICEF de 2024, cerca del 44.7% de los niños y niñas en el país sufren alguna afectación en su salud mental, y más del 35% de los estudiantes de secundaria experimenta niveles excesivos de estrés escolar y preocupación académica.

Frente a este panorama, la legislación ha dado un paso fundamental. La Ley 2460 de 2025 establece un marco de acción obligatorio en el que las instituciones educativas y las familias deben proteger el bienestar de los niñas, niños, adolescentes y jóvenes, transformando sus espacios cotidianos en verdaderos entornos protectores de la salud mental.

Sin embargo, el reto principal radica en cómo materializar esta ley en los espacios cotidianos. Con motivo de la conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental este 10 de octubre( y el Mes de la Salud Mental en Colombia de acuerdo con la misma ley 2460 de 2025), instituciones como el Colegio Monterrosales Homeschool destacan que la respuesta no recae exclusivamente en oficinas de orientación aisladas, sino en la adopción de pautas prácticas que involucren activamente a toda la comunidad educativa, estudiantes familias y docentes. 

Natalia Cortés, psicóloga escolar y docente de Sanando Juntos del Colegio Monterrosales Homeschool, la clase donde estudiantes y padres de familia aprenden herramientas de gestión emocional, comparte tres pautas prácticas que están contribuyendo en la institución a extender y consolidar ese entorno de salud mental del que habla la ley: 

1. Para los padres: Validar el descanso y escuchar sin juzgar

El hogar debe constituirse como el primer anillo de contención frente a la presión por el rendimiento. Los padres desempeñan un rol vital al identificar señales tempranas de fatiga o estrés crónico, entendiendo que la exigencia desmedida no equivale al éxito. “En la clase de Sanando Juntos trabajamos con las familias una herramienta sencilla: la conversación de 5 minutos al final del día, sin pantallas, donde cada uno cuenta una cosa buena y una difícil de su día. La ansiedad no toma vacaciones. Cuando un joven se ve obligado a enfrentar situaciones poco favorables en las aulas, las afectaciones trascienden a todas las esferas de su vida. El estrés escolar puede volverse crónico y desencadenar problemas de sueño, aislamiento, dificultades de concentración y, a largo plazo, impactar negativamente la autoestima y la salud física”, señaló Cortés.

2. Para los docentes: Flexibilizar los ritmos y blindar el aula frente a la hostilidad

Los educadores tienen la responsabilidad de evitar que las dinámicas de clase generen entornos de miedo, comparación o exclusión. Fomentar metodologías flexibles que respeten las diferencias individuales permite que los estudiantes recuperen el disfrute por aprender sin poner en riesgo su salud mental. “La rigidez horaria y la falta de flexibilidad obligan a los estudiantes a ajustarse a un único ritmo, ignorando las necesidades de aprendizaje individuales. El temor a la exclusión debido a capacidades diferenciales convierte al entorno escolar, que debería ser un refugio, en una fuente constante de temor; usar herramientas como un chequeo emocional de un minuto al iniciar la clase, pausas de respiración lenta en  momentos de tensión, y enseñar a los estudiantes a replantear pensamientos como ‘no voy a poder’  por pensamientos más realistas, ayudan a los estudiantes a enfrentarse mejor ante situaciones complejas”, afirma Natalia Cortés.

3. Para la comunidad: Construir corresponsabilidad activa

 En sintonía con el mandato de la ley, la salud mental no puede delegarse exclusivamente a una oficina de orientación aislada ni resolverse de forma reactiva cuando el problema ya es clínico. La red de apoyo debe funcionar como un bloque unificado donde la escuela y la familia compartan un mismo idioma preventivo. “La corresponsabilidad significa que docentes y familias formamos un solo equipo de observación y cuidado. Cuando el colegio y el hogar alinean sus herramientas y comparten un canal de comunicación constante, logramos brindar acompañamiento emocional, asesoría individual y detectar a tiempo los riesgos para orientar a los estudiantes en su proyecto de vida sin saturarlos”, puntualizó Cortés.

Medir lo que importa: más allá de las calificaciones

Para cumplir con la evidencia que exige la gestión moderna, los expertos proponen dejar de medir únicamente la memorización de conocimientos y apostar por metodologías no invasivas:

  • Medición cuantitativa: Revisiones semanales (digitales o analógicos de 1 a 2 minutos) para autoevaluar energía y estrés, generando un Índice de Clima Emocional por grupo.
  • Medición cualitativa: Círculos de escucha y seguimiento de la autonomía para evaluar la capacidad de autorregulación y la resolución pacífica de conflictos.

La inversión más crítica de la educación moderna es poner la autonomía, el equilibrio y la felicidad del estudiante por encima de las métricas tradicionales, rompiendo así el ciclo del estrés en la juventud colombiana.